Los sábados por la mañana, el patio de la escuela primaria del barrio Proterritorio en Chetumal deja de estar vacío. Desde marzo, un grupo de ocho maestras organiza jornadas de trabajo comunitario para reparar bancas, pintar salones y armar rincones de lectura con material donado por las propias familias.

“No esperamos a que llegara el presupuesto. Empezamos con lo que teníamos: brochas, un poco de pintura y muchas ganas”, cuenta una de las maestras impulsoras del proyecto.

El programa nació de una necesidad concreta —salones con mobiliario deteriorado— pero se convirtió en algo más amplio: un espacio donde madres, padres y vecinos participan directamente en las decisiones sobre el aula.

Cómo funciona

  • Cada sábado se define una tarea específica: reparación de mobiliario, limpieza de áreas verdes o armado de material didáctico.
  • Las familias se inscriben por WhatsApp con una semana de anticipación.
  • El colectivo docente lleva un registro simple de horas de trabajo comunitario por familia.

[CIFRA PENDIENTE — verificar con la escuela] familias han participado al menos una vez desde que arrancó el programa.

Lo que viene

Las maestras buscan replicar el modelo en dos escuelas vecinas antes de que termine el ciclo escolar, y ya sostienen pláticas informales con la supervisión escolar de la zona para explorar apoyos.